Las paradojas de los conciertos regios (o zentenialls)

“Amiga, no bailes, estoy grabando” es la orden que me da un espécimen durante el concierto de J Balvin (Juanito Balvino para mis amigas).

La frase anterior está mal desde su concepción. En el entendimiento global, uno asiste a los conciertos a disfrutar de la música en todos los modos posibles: visual-observando al cantante y bailarines, oral-cantando o gritando y tacto-bailando o tocando la mano sudada del cantante.

Pero parece ser que me he quedado en la prehistoria cuando se trata de conciertos regios. La diversión durante la presentación del 6 de diciembre del Tour Vibras en la Arena Monterrey es participar en una de las 50,000 grabaciones de celular que quedarán almacenadas y archivadas.

Hasta el momento no he conocido a alguien que me diga: veo mis grabaciones de los conciertos varias veces. Call me old fashioned pero creo que hay más diversión que el ver un concierto a través de tu celular.

No estoy diciendo que dejes de hacerlo, en fin, es tu derecho y prerrogativa hacerlo pero tal vez también podrías admirar este momento único con tus ojos, bailar como si no hubiera un mañana, saltar de emoción, sentir la vibración de la música en tu piel y rodearte de amigos y desconocidos en el hoy y en el ahora.

Después de moverme de lugar un par de veces para no causarle molestias a las futuras Michael Moore me puse a bailar. Citando al filósofo J Balvin, que fue quien nos congregó esa noche “ella es una nena mala”.